Castlevania: Bloodlines

Corría el año 1994 cuando hizo acto de presencia en la Mega Drive de SEGA una nueva entrega de la famosa saga Castlevania. La serie de aventuras creada por Konami e iniciada con un juego de título homónimo en 1986 veía por primera vez la luz en una consola de SEGA con esta entrega: Bloodlines. ¿Era un digno representante de la saga? ¿Hacía frente a los títulos salidos en SNES? Descubrámoslo.

Unos años antes, en 1993, Konami desarrolló el último título de la franquicia Castlevania, saga que contribuyó a dar fama, bien merecida, a la compañía nipona, para la Game Boy de Nintendo: Castlevania II: Belmont’s Revenge. Y, previamente, en 1991 había creado otra aventura de la saga, la primera para SNES: Super Castlevania IV. Estos dos inmediatos antecedentes, sumados a los otros juegos más antiguos de la franquicia, eran motivo más que suficiente para esperar lo mejor de esta nueva entrega para SEGA Mega Drive. Y así fue, Konami no defraudó a nadie y otorgó a la consola de SEGA un juego sobresaliente en todos los aspectos, un juego que a día de hoy es un imprescindible y, quizás lo más importante para los seguidores de Castlevania, con su propio peso argumental original.

Yo contra el castillo: EPIC!

El juego se desarrolla a lo largo del año 1917. En 1897 tras una larga guerra, Drácula fue derrotado por Quincy Morris, descendiente del clan Belmont. Pero, con el comienzo de la I Guerra Mundial, la oscuridad se cernió sobre Europa de nuevo. El conflicto estalló tras el asesinato en Sarajevo del príncipe heredero al trono austrohúngaro, Francisco Fernando de Habsburgo, Archiduque de Austria. Bartley Elizabeth, una misteriosa mujer parece que tiene alguna relación con el asesinato, ya que pretendía revivir a su tío, el conde Drácula mediante una ceremonia por la cual daba en prenda las almas de los habitantes del continente europeo con el inicio de la guerra. La historia adquiere más complicaciones según aparecen personajes en los diversos juegos pero esta es una versión resumida. Los encargados de hacer frente a Drácula serán John Morris, descendiente de la familia Belmont, nacido en Texas, y Eric Lecarde, natural de Segovia, que se une a la cruzada de Morris para vengar que Bartley convirtiese a su novia, Gwendolyn, en vampiro.

Como elemento diferenciador destacar que en Bloodlines la aventura no transcurre exclusivamente en el castillo de Drácula, sino que también acontece en distintos escenarios europeos. Además, como ya se ha anotado anteriormente, el juego se puede completar con cualquiera de los dos personajes, cada uno con su arma particular: John Morris hará uso del célebre látigo Vampire Killer, Eric Lecarde empleará la Alucard Spear. Ambas armas difieren en sus efectos y, por tanto, cambia la forma de afrontar los diferentes niveles según el personaje elegido.

Está claro: el segoviano gana a todos. Y lo sabéis.

Gráficamente el juego es muy bonito. La presentación inicial nos mete en nuestro particular papel como si fuese una película. Los escenarios son detallados, con gran colorido y mucho movimiento en pantalla. Es de destacar la fluidez con que se rompen los cristales de una ventana mientras esquivamos los ataques de un enemigo, cómo se mueven los numerosos enemigos en pantalla y cómo reaccionan a nuestros ataques. Un alarde de técnica que hace que jugar sea un verdadero placer.

La dificultad del juego es la típica de la saga. Bloodlines es, por tanto, un juego difícil, pero no hasta llegar a límites desesperantes, sino que supone un reto para el jugador. Los piques con el juego para derrotar a un enemigo final o para completar una fase sin morir son más que numerosos. Y es de destacar un juego que incita a seguir jugando, no tanto por puro completismo o por atisbar el final de su historia, sino por satisfacer las ansias de superación del jugador, que aprende a jugar mejor según avanza, apremiado por el propio juego que le plantea un reto difícil pero no imposible. Cuando uno está jugando se da cuenta de que es mejor jugador de lo que era. Algo, desde luego, digno de alabanza.

El sonido es otra característica que es común a la saga. Michiru Yamane, compositora reconocida por la franquicia Castlevania, también pone su habilidad al servicio de Bloodlines. Y, como no podía ser de otra forma, el resultado vuelve a rozar la perfección. Cada composición para el juego de hoy es una pequeña obra de arte en sí misma, como es habitual con semejante compositora.

Por tanto, todo lo dicho anteriormente, con semejantes características, nada podía fallar en Bloodlines. Y así fue. Konami otorgó a la Mega Drive de SEGA un juego más que digno de la saga Castlevania, un juego imprescindible para todo seguidor de la franquicia y para cualquier amante de los videojuegos. Una pequeña maravilla que da gusto descubrir y una recomendación para cualquiera, fan o no del género.

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