Chubby Cherub

¿¿Qué tienen en común la mitología griega, el urbanismo de Kyoto y el impago de salarios a los trabajadores de perreras municipales?? Así, así, a priori, no parece haber relación alguna, pero si mencionamos a Bandai la cosa empieza a tener algo de sentido (aunque no mucho). La respuesta a esta incongnita es nuestro juego de hoy, conocido en occidente como Chubby Cherub. Lanzado en 1985 para la NES con el título original de “Obake no Q-tarō WanWan Panikku“, este plataformas ha pasado a la historia como uno de los peores juegos de esta consola, pero el relato sobre cómo se convirtió en el juego más bizarro de su época merece ser contado.

Si lo de Nuts & Milk te pareció perturbador… aún no has visto nada. Este juego estaba basado en un principio en el manga de Fujiko Fujio llamado “Obake no Q-tarō”, lo que se viene traduciendo como “El fantasma Q-taro”, y efectivamente, era este fantasmita el protagonista de este videojuego de plataformas donde paseabamos por unas calles muy al estilo de un barrio moderno japonés, comiendo chuches y esquivando a los adorables cachorritos que intentan atraparnos.

Detrás de esta pantalla... se escondía una pesadilla...

La dinámica del juego era la básica de un plataformas de la época, pero resultaba extraña ya que el personaje podía volar cuando tenía un cierto nivel de vida, y no podías atacar libremente, sino cuando habías comido suficientes chuches, con lo cual se complicaba bastante. La historia del juego, nada precisa, parecía relacionar cada nivel con un niño al cual debíamos salvar, devorar, enamorar… no estamos seguros. Hasta aquí el juego hubiese tenido más o menos sentido, un nutrido grupo de fanfreaks lo hubiesen comprado y lo adorable de los personajes lo habría hecho jugable. El problema llegó un año después de su lanzamiento, cuando se planteó su aparición en occidente.Y entonces es cuando esta historia entra dentro de esa larga lista de cosas que no tienen sentido en nuestra sociedad. Por algún extraño y desconocido motivo, los encargados de aceptar la comercialización del juego en Estados Unidos consideraron que un fantasma podía ser un personaje cuanto menos traumático para los pequeños e inocentes niños y niñas que tenían una NES.

¡Muere, engendro del demonio!

Así que, como una solución perfectamente viable, decidieron eliminar al personaje principal del juego e inventarse uno nuevo, haciendo caso omiso a las quejas del mangaka de turno. Producto de esto fue una degeneración videojueguíl, un “¿qué hemos hecho?” generalizado cuyo eco aún retumba en las paredes del tiempo, y es que no se les ocurrió mejor idea que poner como protagonista a un querubín.

Unos gráficos y unos escenarios... envidiables.

Una idea terrible, apocalíptica, que coronó el juego y le hizo alcanzar cotas de surrealismo inimaginables, pero gracias a la cual logró un puesto en la memoria de los nintenderos, aunque sea en el escalafón de rarezas.

PD: Que nadie me pregunte como es que conozco este juego…

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