Silent Hill

Corría el año 1999 cuando el terror se presentó en nuestras casas en forma de videojuego. Tendrá sus seguidores y detractores, y habrá quienes exclamen que eso del terror ya apareció, como poco, en 1996 con Resident Evil. Todos locos. El terror de verdad, el psicológico, el de pesadillas, apareció por primera vez en ese 1999 de la mano de una Konami por aquel entonces magistral. El juego, como habéis podido adivinar o leer en el título los más listos de la clase es, como no podía ser de otra forma, Silent Hill. ¿Nos acompañas a buscar a Cheryl?

Ya hemos dicho que toda esta historia comienza en 1999, cuando Silent Hill vio la luz (¡ironía, ironía!) en los distintos mercados para PlayStation. Konami sabía que se traía algo gordo entre manos. Para compensar la expectación creada en torno al juego, y para reparar las ansias de los usuarios europeos que tuvieron que esperar la friolera de siete meses hasta poder jugarlo en comparación con los norteamericanos,  Konami distribuyó una demo de este juego con el también mítico Metal Gear Solid de PlayStation. El destino haría que los dos se conviertan en referentes de los videojuegos, aupando aún más si cabe a Konami en la industria.

El Team Silent, grupo de la filial de Konami en Tokyo, fue el equipo encargado de llevar a cabo el desarrollo de la aventura. La compañía nipona echó el resto con Silent Hill. Querían crear una aventura de terror psicológico, en tercera persona y con escenarios en 3D. Todo demasiado exigente para la consola de Sony, cuyo hardware no podía hacer frente a semejante demanda gráfica. Pero el ingenio hizo de las suyas y se adoptó un sistema que hacía que el juego se moviese con fluidez en escenarios tridimensionales a la vez que aumentaba la intriga, el desasosiego y el terror en definitiva: añadieron niebla por todos los lados. Solución magistral digna de ser aplaudida y sin la cual no veríamos Silent Hill de la misma manera.

La historia comienza fuerte con una cinemática inquietante cuanto menos. Harry Mason ha perdido a su hija, Cheryl, con la cual viajaba en coche. Y para más inri la ha perdido en un pueblo presuntamente deshabitado, Silent Hill. Harry tendrá que buscar a su hija por las calles y edificios de un pueblo dominado por la niebla y la nieve… Los sucesos extraños no tardarán hacer su aparición, haciendo cuestionarse donde están los límites entre la cordura y la locura.

El apartado técnico del juego es puntero, contribuyendo a crear el ambiente terrorífico de Silent Hill. Gráficamente es una maravilla, con gráficos igual de adultos que la historia detrás. Además, gracias a la niebla todo se mueve muy bien. No sé si es cosa de la limitación técnica que impedía una mayor resolución o es algo deliberado por parte de la desarrolladora, pero el juego se ve con granulado, aunque desde luego es algo que ayuda a crear ese ambiente de intriga y de irrealidad que se respira en todo el juego.

Sonoramente el juego es una maravilla, como pudimos comprobar hace más bien poco en una de nuestras selecciones musicales. La música creada por Akira Yamaoka contribuye a crear ese espacio misterioso que ocupa el pequeño pueblo. La música electrónica es la mejor aliada para el terror. Los efectos sonoros son de calidad similar a lo visto en el juego, con efectos tanto para las cosas “reales”, como las pisadas o los disparos, como para los monstruos y demás criaturas misteriosas.

A modo de conclusión, decir que Silent Hill es un verdadero juegazo. Diría que ha sido un placer rejugarlo, pero no ha sido así. No me malinterpretéis, con el juego me lo he pasado de muerte, viendo los gráficos, la música, la historia… pero los sustos son comunes. Si te van los juegos de terror, deberías probar Silent Hill y verías como el género de terror adquiere una nueva dimensión. Si no te van los juegos de terror, deberías probar Silent Hill, aunque sea en compañía de colegas y en un ambiente más distendido, porque merece la pena. Aún recuerdo cuando lo probé… ¡menudo miedo!

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