Antarctic Adventure

Hoy os traemos un post de calidad inigualable como los que acostumbramos porque el juego que os traigo no es ninguna tontería. Puede que pocos le reconozcan, puede que no salga en las listas de preferidos ni en la prensa especializada, pero puedo asegurar y aseguro que aquél que lo haya jugado alguna vez en su vida va a saltar de emoción y algarabía. Damas y caballeros, con ustedes Antarctic Adventure, o como lo traducimos en Pixelados, Mantanza de Pingüinos II.

No te preocupes si nunca has oído hablar de este juego. Konami lo lanzó en 1983 para MSX y más tarde para la NES, pero al parecer nunca vio luz fuera de Japón excepto en su versión para ColecoVision. Lo cierto es que gracias a la piratería de aquel entonces (esos míticos cartuchos dobles, de tropecientos juegos, con la cinta para sacarlos de la consola), pude disfrutar de su versión para la NES, y deduzco no ser el único. Ya desde entonces nos enriquecíamos culturalmente con la piratería.

Pero no era un juego para las masas, eso sin duda. Era un juego de eruditos. El objetivo era controlar a un pingüino mientras daba la vuelta al antártico a toda velocidad esquivando focas y cogiendo banderines. No es que sea algo muy de suma cum laudes, pero si esto lo acompañas con el vals Les Patineurs de Émile Waldteufel todo suena mucho mejor. Te sentías hasta que eras guay jugándolo y todo.

Además era muy educativo. Nos enseñaba por ejemplo ese curioso pero totalmente inútil dato de que los pingüinos sólo viven en el Polo Sur, o también aprendíamos una valiosa lección de vida (que en adelante nos iba a servir de mucho a los que nos aficionamos a los videojuegos): las focas son unas soberanas hijas de puta. Y ya como colofón podíamos aprender cuales eran los países que habían conseguido echar mano de la colonización de la Antártida, sin que se mencionaran nunca a las tribus que perecieron por dicha actividad explotadora (¿Vive alguien en la Antártida? Yo es sólo por tocar los huevos). ¡Ah! y también aprendías que los pingüinos no pueden volar… ¡a menos que les pongas un sombrero con hélice!

Problem?

El juego alcanzó cierta fama y el pingüino protagonista obtuvo nombre (Penta) y lugar entre las mascotas de Konami, además de una secuela para la MSX. La dinámica y la música hacían de Antarctic Aventure un juego muy apacible, tranquilo, que se podía disfrutar una y otra vez sin presiones de ningún tipo, simplemente por el deseo de pasear sobre el hielo escuchando una hermosa melodía. Siempre recurría a él cuando me cansaba de morir una y otra vez en el resto de 29 juegos que traía el cartucho y de los cuales 10 estaban repetidos… ¡Qué tiempos aquellos!

¿Y ese saludo?

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