Salvando la Partida – Orígenes de Sega (I)

¡Nuestro afán investigador no tiene límites! Y con motivo de alimentar este espíritu reporteril, hoy estrenamos una nueva sección en Pixelados. Los reconocidísimos autores de este blog os traerán, en un práctico formato por entregas mensuales, una revisión y análisis (con todo el lujo de detalles que nos permitimos) de las sagas más populares, las compañías más emblemáticas, la vida y obra de los nombres más célebres dentro del mundo de los videojuegos, y todo con el intento de humor que nos caracteriza y aportando nuestro toque de conocimiento histórico y nostalgia friki. No podemos hacer más que invitaros a que descubráis con nosotros las historias ocultas y no tan ocultas detrás de los videojuegos. ¿Empezamos?

Y vamos a empezar con algo grande, algo de peso. Vamos hablar nada más y nada menos que de los inicios de SEGA, una emblemática compañía que ha jugado un papel fundamental en el mundo de los videojuegos. Si bien fue en los 90 cuando SEGA llegó a nuestro corazones, tenemos que remontarnos aún más atrás en el tiempo para encontrar los orígenes de esta compañía. Unos orígenes que poco tenían que ver con lo que se convertiría más adelante.

No existe lugar más paradisíaco que Hawaii (o eso dicen los que no conocen La Gomera), la hermosa isla volcánica en medio del pacífico, donde los deportes más comunes son el golf, la vulcanología, el adiestramiento de delfines y el ligoteo descarado. Pero a finales de los años 30 era el lugar perfecto para escapar de la crisis de entre guerras y del “inminente” conflicto internacional. Así es como a principios de 1940 dos empresarios Estadounidenses llamados Raymond Lemaire y Richard Stewart, crean Standard Games, una pequeña compañía desarrolladora y distribuidora de gramolas, tragaperras y otras máquinas similares típicas de bares. No tenian ni idea de que el pequeño archipiélago se convertiría en la excusa perfecta de EEUU para entrar en la guerra.

La represalia de Estados Unidos contra Japón por su presencia en la Segunda Guerra Mundial no se limitó sólo a “un par de pequeñas explosiones”; estaba claro que un acto tan insignificante no iba a enseñar nada a nadie, así que ocuparon la isla militarmente, con dos cojones, hasta el año 1952. Durante esos años de ocupación militar se fomentó al establecimiento de empresarios en “la nueva colonia estadounidense”, y mira tú por donde, una de las compañías que se aprovechó de esta situación fue Standard Games, que ya por aquel entonces adoptaron el nombre de Service Games y se dedicaron a vender maquinitas a sus amiguitos militares que se aburrían mucho vigilando a los japoneses. Pobrecicos.

“Terminada” la ocupación (entre comillas porque aún existen bases norteamericanas en Japón) dicen los libros y las noticias que inició el gran periodo de recuperación económica de Japón, una alegría para todo el mundo y un regocijo inimaginable que casi nos hace olvidar al pequeño Blinky que nada por la bahía de Nagasaki. Ironías aparte, y para no desviarnos del tema, fue en este contexto donde David Rosen, militar estadounidense, funda una compañía de “importación y exportación de obras de arte” (que no suena para nada a mercado negro), y que al poco tiempo se dedicaría a la importación a Japón de máquinas recreativas mecánicas y fotomatones, que hacían mucha falta.

Pero como los japoneses también son muy suyos, eso de comprarle ocio a USA, como que no (¡que cosas!). Así que Rosen decide en el 65 comprar Service Games, ya que estos tenían sus propias fábricas dentro de Japón, y dedicarse de lleno al mundo del arcade y las recreativas con la nueva compañía: Sega Enterprises. Los primeros pasos de la compañía se centraron en la creación de recreativas mecánicas, como Rifleman, Periscope y Jet Rocket, haciéndose hueco poco a poco en el mundo del arcade y llegando incluso (ironías de la vida) a exportar máquinas a EEUU. Su fama llegó a oídos de peces más gordos, y en el 69 Sega sería comprada por la compañía Gulf & Western Industries, que no era más que un común caso de Síndrome de Diógenes empresarial donde se aglomeraban todo tipo de empresas variopintas sin otro motivo más que el enriquecimiento (en la actualidad, tras transformaciones y ventas, el sucesor de esta compañía es CBS, uno de los 6 gigantes mediáticos que controlan nuestra sociedad).

Sega prosperó durante estos años y fue partícipe del gran boom de las recreativas en los 70, pero detrás del éxito económico se escondía una terrible realidad, el mando de la compañía estaba ahora en manos de otros avaros que no eran Rosen y amigos; y una nueva amenaza se cernía sobre el mundo de los videojuegos a finales de los 70: La Revolución de las Consolas Domésticas estaba a la vuelta de la esquina… ¿Logrará Rosen hacerse de nuevo con el control de la compañía? ¿Cómo afrontará Sega la crisis que se avecinaba? ¿Alguien se acordará del pobre Blinky? ¡Averígualo en la próxima entrega!

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